Esa era mi fantasía: exactamente así encontraría también yo el amor. Ella estaría triste junto a la barandilla de un puente abandonado y melancólico una noche de tormenta y, en el último instante, yo la salvaría de sí misma, mataría por ella a un dragón que ya no era un dragón de carne y hueso, como tantos que degollé durante mi infancia, sino un dragón interior que no era otra cosa que la propia desesperación. Amos Oz - Una historia de amor y oscuridad